HERMENÉUTICA E INTERPRETACIÓN DE LOS CONTRATOS. UNA APROXIMACIÓN

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HERMENÉUTICA E INTERPRETACIÓN DE LOS CONTRATOS. UNA APROXIMACIÓN

 

(Primera parte) 

 

SUMARIO:

 

I.  La Hermenéutica.  1. Una visión general.  2. La hermenéutica jurídica.  II. La Interpretación Jurídica. 1. Aproximación general. 1. 1. Sobre el concepto de interpretación.  1. 2. Caracterizaciones de la interpretación.  1. 3. Conclusión. 3. La interpretación contractual. 3. 1. Qué se entiende por interpretación del contrato. 3. 2.  Los principios clásicos de interpretación de los contratos. 3. 2. 1.  La autonomía de la voluntad.  3. 2. 2.  La buena fe. 3. 2. 3.  El alterum non laedere.  3. 2. 4.  El respeto de los propios actos. 3. 2. 5. La conservación del contrato. 3. 3. Referente dogmático y el contexto normativo de las reglas de interpretación. 3. 3. 1.  El referente dogmático.  3 .3. 2. Contexto normativo.

 

 

 

Nos proponemos en esta oportunidad presentar una bases mínimas que sirvan de estructura y, a la vez, como modelo de comparación ora como referente complementario para la construcción del tercer capítulo de la investigación, donde intentaremos desarrollar el objetivo central de nuestra investigación, consistente en estudiar si con el advenimiento del Estado Social y Democrático de Derecho a partir de la Constitución Política de 1991, podemos derivar de ésta nuevos referentes de interpretación contractual que vienen a conjugarse con los conocidos tradicionalmente.

 

En la medida de lo anterior, como se trata de una investigación concerniente a la interpretación de los contratos, resulta importante abordar con fines explicativos, varios temas de importancia para nuestros propósitos, como son: qué se entiende por hermenéutica y una aproximación a la misma en el ámbito jurídico, una descripción de la interpretación en general y la concerniente a los contratos.  Es importante advertir que utilizaremos los puntos referenciales básicos, mediante los cuales podamos ir delineando el sendero por el cual iremos trasegando en este proyecto investigativo.   

 

 

 I.  La Hermenéutica

 

1. Una visión general.

 

En el origen del mundo según la cosmogonía griega, Hermes, el mensajero de los dioses, ejercía una actividad de tipo práctico, llevando consigo anuncios, advertencias y profecías. Desde sus orígenes la hermenéutica, en cuanto ejercicio transformativo y comunicador, se contrapone a la teoría como contemplación de esencias eternas, inalterables por parte del observador.  Es sobre todo a esta dimensión práctica a la que la hermenéutica le debe su cualificación tradicional: hermeneutiké techen, ars interpretationis, Kunst der Interpretation: arte de la interpretación como transformación, y no teoría como contemplación (Ferraris, M. P. 9). 

 

Ya centrándonos en la etiología de la palabra hermenéutica, ésta proviene del verbo griego hermeneuo el cual significa ‘traducir’, ‘explicar’ y ‘exprimir, con el cual se llega al significado: propender por la comprensión relacionada con la mediación y la transmisión.  Se entiende la hermenéutica en un sentido extenso como la aptitud dirigida a la comprensión, a la interpretación, descubriendo perspectivas, que involucra y participa en el conocimiento y ejerce dominio, poder sobre las cosas, las ideas y los hombres.  A través de ella se buscan los mensajes inscritos en las palabras, constituyéndose en el medio para llegar al mensaje del texto, siendo mensaje a la vez.  Aparece cuando se viaja por un texto (y su contexto) y nos orienta en todos los cruces y caminos que se entrelazan en el representar y en la representación (Mazabel, R. Pp. 95 y 96).

 

La hermenéutica concierne a la multiplicidad de sentidos que un mismo texto puede producir o que ha generado en la historia, llevándonos a la inquietud por la unidad de la razón, la univocidad del sentido y el cuestionamiento por la verdad, ante la posibilidad de que ésta se exprese en diversas formas en el mundo, según las diferentes actitudes intencionales. Así se examinan las condiciones en que tiene lugar la comprensión, partiendo de la tradición histórica en juego, y en ese comprender se excede al primer objeto- la obra escrita- para envolver a la experiencia humana, explorarla en su historicidad a través del lenguaje” (Martyniuk, C. P. 69).

 

Acercándonos a una delimitación aproximada del concepto de hermenéutica, acudimos a la presentación que de la misma hace Jean Grondin, quien concibe la hermenéutica como una teoría de la interpretación, la cual tiene que vérselas con lo que las palabras no dicen pero aspiran o quieren decir.  Por cuanto, lo que las palabras dicen, lo dicen evidentemente siempre ellas mismas.  “La tesis cardinal de la hermenéutica, su tesis universal, es que las palabras permanecen siempre más acá de lo que ellas quieren decir…”. La universalidad de la hermenéutica quiere mostrar el carácter interpretativo de todo discurso, indicando que “…todo esfuerzo del lenguaje podría decir siempre más de lo que dice, y podría decirlo más adecuadamente para ser mejor comprendido”.  Y ese esfuerzo de querer decir más adecuadamente sobre lo que se habla, responde a la necesidad de “…dar respuesta a la interpelación de la cosas mismas”.  Grondin citando a Gadamer, presenta la idea de la universalidad de la hermenéutica, señalando que “es este en efecto el fenómeno hermenéutico originario, a saber, que no se podría tener como enunciado más de lo que pudiera ser comprendido como respuesta a una pregunta” (Grondin, J. Pp. 29 y 30).

 

Nos explica el profesor Grondin, que la hermenéutica ha tenido en su evolución varias manifestaciones, las cuales resulta adecuado presentar para su comprensión en la siguiente forma:  

 

i) En un primer momento, la expresión “todo es asunto de interpretación” puede leerse a través de otra fórmula de origen nietzscheano “no hay hechos, sólo interpretaciones”.  Bajo este contexto, no hay ciertamente verdad, entendida como adecuación a la cosa.  Se trata de una tesis fundada en un perspectivismo, sostenida en la idea de una voluntad de poder que pretende persistir e imponerse.  Esta teoría se encuentra con la limitación de que no puede negar la existencia en el mundo de hechos, errores y aberraciones que ostentan un carácter objetivo y no son simples apreciaciones de un sujeto que les confiere un sentido (Grondin, J. P. 161 y 162).

 

ii) Esa visión perspectivista puede ser comprendida en un sentido  epistemológico de corte cognoscitivo; la tesis propondría que no hay conocimiento del mundo sin esquema previo, sin “paradigma” de interpretación.  Siguiendo una orientación Kuhniana, toda ciencia opera a partir de representaciones generales del mundo que recortan un marco de inteligibilidad y de coherencia en cuyo interior es posible distinguir la verdad de la falsedad.  Dicho marco es de carácter evolutivo y por ello, está sujeto a los cambios que permiten sustituir un paradigma por otro, considera viable la verdad, pero dependiendo de un paradigma determinado (Grondin, J. P.163).

 

iii)  El postulado de que “todo es interpretación” puede verse desde un sentido histórico: toda interpretación es hija de su tiempo.  Esta visión ha sido conocida como historicismo, y en ella el tema de la verdad es admitida, pero interpretar la verdad de un fenómeno quiere decir que se le comprende a partir de su contexto (Grondin, J. P. 163). 

 

iv) Contrariamente, la anterior tesis puede ser comprendida de una manera más ideológica: se refiere a que toda visión del mundo estaría dirigida por intereses más o menos confesados.  La verdad se presenta, una vez nos liberamos de la ideología que domeña a la conciencia.  Es la verdad ideal que el teórico anticipa cuando crítica el estado de cosas de una sociedad o de una conciencia (Grondin, J. P. 164).

v) Desde Heidegger, la universalidad de la hermenéutica entraña sobre todo un sentido existencial: el hombre, un interrogante para sí mismo, es de entrada un ser destinado a la interpretación, porque vive siempre sumido en interpretaciones, las cuales no obstante, puede dilucidar.  La hermenéutica es vista como una filosofía  universal de la facticidad humana que intenta sacar a esta del olvido de sí, en que tan de común se mantiene.  La primera tarea de la interpretación es elaborar sus proyectos de comprensión en las cosas mismas, siendo viable diseñar proyectos conforme a lo que puede ser la existencia cuando se asume a sí misma.  Por ello, se rechazan las malas interpretaciones, que son inadecuadas o encubridoras y nos alejan de nuestra finitud en el camino de la autenticidad (Grondin, J. P. 164 y 165).  

 

vi) Luego, tomando como fundamento a Gadamer, expone que la universalidad de la hermenéutica debe ser entendida sobre todo en un sentido lingüístico:  toda interpretación, toda relación con el mundo, presupone el elemento del lenguaje, habida cuenta que la realización y el objeto de la comprensión son necesariamente lingüísticos.  Desde esta concepción, la verdad-correspondencia también es posible, pero se trata siempre de una adecuación al lenguaje de las cosas mismas.  De este modo es posible revisar nuestras interpretaciones confrontándolas con lo que dicen las cosas mismas, con su lenguaje, por tanto, “…una concepción científica o filosófica puede siempre ser refutada por una comprensión más adecuada que se remite al lenguaje de la realidad misma, a la evidencia de las cosas, por más que ésta se nos muestra sólo a través del lenguaje” (Grondin, J. P.165).

 

vii) Finalmente, explica Grondin que la concepción posmoderna de la hermenéutica, ve en el lenguaje una “formalización” de lo “real”.  Dicho esquema hace caduca la idea misma de una realidad a la que podrían conformarse nuestras interpretaciones.  Considera el profesor canadiense, que esta visión se sustenta en los sentidos perspectivista, cognitivo, histórico, ideológico, existencial y lingüístico acabados de nombrar, y en cada caso para impugnar la idea, que se considera quimérica, de una adecuación a la realidad.  El sentido se da en un marco interpretativo engloblante, más o menos rígido, bien sea que provenga de la historia de la metafísica, de la episteme general de una época, de la tradición o del marco de utilidad general que determina nuestra cultura.  Con la eliminación de toda referencia extralingüística se añade una tolerancia dentro de la pluralidad de interpretaciones.  Empero, encuentra como punto débil de esta visión, que se presenta una disolución de la verdad que resulta falta para dicha concepción, e impide en la práctica poder establecer y determinar porque una teoría es mas verdadera que otra (Grondin, P. 166 y 167).

 

Para capitular, resulta adecuado resaltar que para nuestro autor, la interpretación es una actividad mediadora entre dos extremos, uno subjetivo y otro objetivo, planteado de la siguiente manera:

 

(a) Por un lado, la interpretación es una actividad creadora de sentido, porque el sujeto se desplaza hacia el objeto con el fin de darle sentido y poner orden en él: “…sin nosotros el mundo forma una masa bastante inerte, silenciosa, todo sentido proviene de nuestra inteligencia, que ‘interpreta’ el mundo de diferentes maneras”.  Se trata de la condición moderna de la subjetividad, para la cual el sentido es inferendus, o sea ‘para introducir’ en el mundo (Grondin, J. P. 21). 

 

(b) Del otro lado, resalta que el sentido no debe ser introducido al texto (en sentido in extenso) sino sacado.   Este Filósofo considera importante tener presente la apertura ontológica de la interpretación, su relación con el ser que la precede y la hace posible.  Por ello afirma que, la interpretación se saca de las cosas y de las obras mismas.  Para él, no en vano Francis Bacon en su obra, Novum Organun, sostuvo que es la naturaleza misma, su movimiento y su inteligencia interna la que se trata de penetrar por la interpretación.   A través de este polo objetivo de la interpretación, es la naturaleza misma la que se trata de descubrir; su función es ayudarnos a comprender el funcionamiento y la maravilla de la naturaleza.  No se trata entonces del interpretar por interpretar, sino de una interpretación que va a las cosas mismas por su sentido. 

 

2. La hermenéutica jurídica.

 

Ahora, sin pretensiones de exhaustividad, nos parece adecuada la exposición de Kauffmann, sobre el concepto de hermenéutica vinculada al campo jurídico.  El profesor Alemán siguiendo la tradición de Scheiermacher, Dilthey, Gadamer y Ricoeur, concibe la hermenéutica no como un método sino como una filosofía trascendental, orientada a formular las condiciones que hacen posible cualquier comprensión de sentido.  Insiste en que la hermenéutica no describe método alguno; sólo dice bajo qué presupuestos puede ser algo comprendido conforme a su sentido. Y puesto que nada de cuanto existe sería inaccesible al intelecto, la hermenéutica tiene carácter universal, lo cual no es absoluto, por cuanto ella misma, no es sino una de las varias posibilidades que tiene el hombre para tratar con el mundo, y también con el derecho (no siendo excluyentes otras teorías como la analítica y la argumentación) (Kauffmann, A. P. 93).   

 

Para la comprensión del sentido la hermenéutica se enfrenta al concepto objetivista del conocimiento, suprimiendo el esquema sujeto-objeto para los fenómenos de la comprensión.   Considera la comprensión siempre a la vez objetiva y subjetiva; donde lo comprendido se introduce a sí mismo en el ‘horizonte del comprender’ y, contribuye a crear el objeto a comprender, distanciándose de recibirlo pasivamente en su conciencia.  Dicho en otros términos:

 

“…no ‘subsume’ sencillamente el caso bajo la ley y se sitúa completamente fuera de este proceso, sino que cumple un papel creador-activo en la denominada ‘aplicación del derecho’.  Y como es inútil buscar una ‘corrección objetiva’ del derecho, al margen del proceso de comprensión hermenéutica, por la misma razón está llamado al fracaso cualquier intento de separar, en la ciencias comprensivas, racionalidad de la personalidad del comprender” (Kauffmann, A. Pp, 92 y 93).

 

Para la hermenéutica la tradición se constituye en el suelo común sobre el que se vive, donde el asunto a comprender está vinculado a la tradición, y quien pretende comprender, debe buscar la conexión con la tradición desde la que habla lo transmitido.

 

Dicho pensamiento considera que el derecho no es un mero asunto de subsunción, por el contrario, es todo un proceso creativo, donde el creador del derecho interviene como parte, lo cual significa que el derecho no es nada sustancial; que no está en las cosas, sino más bien que todo derecho tiene carácter relacional. “El derecho es algo relacional, porque consiste en relaciones de unos hombres con otros y con las cosas.  Y en esto se comprende por sí mismo que, para semejante pensamiento jurídico, sólo existe un ‘sistema abierto’, y, dentro de éste, sólo se puede dar ‘intersubjetividad’” (Kauffmann, A. P. 94).

 

Resalta el profesor alemán, que la captación de sentido es un proceso de autocomprensión del sujeto del comprender.  No se trata de un proceso puramente receptivo.  Explica que cuando el intérprete se acerca al texto con una ‘pre-comprensión’, un ‘prejuicio’, puede lograr una comunicación con el texto.  Y nos dice que sólo cuando el interprete, teniendo en cuenta la tradición, entre a formar parte de ese horizonte del comprender podrá fundamentar argumentalmente lo que había anticipado ya como ‘provisional’ (Kauffmann, A. P. 94).

 

Para concluir, nos parece adecuada la idea de Gadamer sobre esta temática, cuando expresa:

 

“La hermenéutica jurídica recuerda por sí misma el auténtico procedimiento de las ciencias del espíritu.  En ella tenemos el modelo de relación entre pasado y presente... Cuando el juez intenta adecuar la ley transmitida a las necesidades del presente tiene claramente la intención de resolver una tarea práctica.  Lo que en modo alguno quiere decir que su interpretación de la ley sea una traducción arbitraria.   También en su caso comprender e interpretar significa conocer y reconocer un sentido vigente.  El juez intentará responder a la «idea jurídica» de la ley mediándola con el presente.  Es evidente una mediación jurídica.  Lo que intenta reconocer es el significado jurídico de la ley, no el significado histórico de su promulgación o unos cuantos casos cualesquiera de su aplicación” (Gamader, H-G. P. 400).

 

 

II. La Interpretación Jurídica

 

1. Aproximación general.

 

No existe un consenso generalizado sobre las características definitorias de la interpretación jurídica, a cuenta de las discrepancias acerca de su objeto, de su naturaleza en la actividad interpretativa y de los criterios de corrección.  El solo hecho de intentar brindar un panorama que esquematice el estado del arte, implicaría una tarea de síntesis que excedería ampliamente los contornos de este trabajo.   Es importante ser cautos a la hora de abordar la temática, por cuanto las concepciones vigentes sobre interpretación en la filosofía, la lingüística y la teoría jurídica, no se pueden trasladar sin más al quehacer dogmático de la interpretación contractual; sin que ello implique desconocer los aportes valiosos para el interprete contractual en la medida que le permiten identificar el tipo de conocimiento y decisión que la tarea interpretativa involucra (Ariza, A. P. 22).

 

Pese a estas dificultades, consideramos conveniente presentar las siguientes caracterizaciones que refieren al concepto, al sujeto y a la actividad de la interpretación, como directrices que ayudarán a comprender el objetivo propuesto dentro de esta investigación para el momento en que nos aboquemos al tema de la interpretación de los contratos.  

 

1.1.  Sobre el concepto de interpretación.

 

El Diccionario de la lengua española reseña como acepción principal de la palabra interpretación a la acción y efecto de interpretar, indicando que consiste en “Explicar o declarar el sentido de una cosa y principalmente de textos faltos de claridad”.  

 

También encontramos que la interpretación persigue, en principio, como objetivo, la explicación o caracterización de un texto cuyo significado o significación no es evidente.  Es debido recordar que la interpretación y la aplicación de los textos jurídicos (códigos, disposiciones constitucionales, contratos, testamentos, fideicomisos, decisiones judiciales previas, etcétera) resultan fundamentales para la práctica jurídica, y por ello, no es de sorprender que la filosofía del derecho frecuentemente se haya adentrado en las cuestiones relativas a cuál es el enfoque adecuado para la interpretación jurídica (Brix, B. Pag. 140).

 

Para Guastini existen tres sentidos posibles de la expresión interpretación: a) como el reconocimiento (o la conjetura) de un significado); b) la decisión (o la propuesta) de un significado; y, c) la creación de un significado.  Considera que el reconocimiento de un significado es una operación cognoscitiva, la decisión de un significado es una operación decisoria, la creación que es más asimilable a la legislación que a la interpretación propiamente dicha (Guastini, R. P. 206).  

 

También se entiende por interpretación en un sentido mucho más estricto, la concerniente a la determinación del significado en un caso concreto de comunicación.  Este procedimiento se utiliza comúnmente cuando existen dudas acerca de la comprensión del sentido propio de un texto.  Dentro del ámbito jurídico, este sentido de la expresión “interpretación” refiere a la atribución de significado a entidades lingüísticas con forma verbal o escrita, que producen o generan dudas en los destinatarios (Ariza, A. P. 24).  Ahora, es importante precisar que todo texto esta sujeto a la interpretación y que pese a su claridad, el solo proceso del comprender su expresión lingüística, implica una actividad interpretativa.  Por tal motivo, consideramos que no es adecuado asumir literalmente la expresión: in claritas non fit interpretatio.

 

1.2. Caracterizaciones de la interpretación.

 

Un concepto estricto de interpretación jurídica, está identificado con la expresión ‘interpretación de la ley’, por cuanto interpretar supone aclarar el significado de una expresión contenida en una disposición jurídica.  De esta tipología podemos distinguir (i) si tal actividad es realizada a partir de un determinado problema concreto, es decir, si puede plantearse como una cuestión de calificación jurídica, o (ii) si se plantea en abstracto, como la precisión del significado de disposiciones jurídicas.

 

Un segundo sentido, identificado con la expresión ‘interpretación del Derecho’, está vinculada con una operación más amplia, que supera la pretensión de identificar el significado de una expresión contenida en una disposición, por cuanto propende por encontrar la regulación jurídica (una respuesta desde el Derecho) para un determinado comportamiento o conflicto que se intenta resolver.  El objetivo de esta actividad radicaría en reconstruir los materiales jurídicos y el objetivo que se perseguiría es la unidad del derecho.

 

La interpretación jurídica como interpretación del derecho, no está reservada sólo a la aplicación judicial del derecho a un caso individual, sino que también está presente en el enjuiciamiento de la validez de normas generales, y en el desarrollo de objetivos cognoscitivos, como cuando la doctrina reconstruye o delimita una parcela del derecho de manera coherente, utilizando como punto de referencia una determinada institución jurídica y su relación con otras, y no desde un caso individualmente considerado.  

 

Si bien la anterior diferenciación permite identificar unos modelos operativos, de esta caracterización o tipología no se deriva una diferenciación tajante entre los diferentes sentidos de la interpretación.  Véase como para la interpretación en concreto el operador requiere necesariamente una interpretación en abstracto, y desde otra perspectiva, la interpretación del derecho implicará siempre llevar a cabo una interpretación de la ley, por cuanto el punto de partida del trabajo reconstructivo del derecho (búsqueda de su unidad), han de ser siempre las leyes, las disposiciones jurídicas dotadas de autoridad.   A lo cual debemos agregar que, en el ámbito jurídico, la actividad de interpretar una disposición (precisar su significado), implica siempre determinar cuál es su significado a la luz del ordenamiento jurídico; por ello, las decisiones adoptadas por cualquier instancia jurídica (y también las de la dogmática) deben presentarse como justificadas jurídicamente, lo que supone que sean acordes con “el Derecho” (Lifante, M. P. 58 a 62).

 

A partir de los sujetos que intervienen en el proceso de interpretación, en el medio teórico se habla principalmente de interpretación judicial, de interpretación auténtica, de interpretación operativa, de interpretación doctrinal o científica; sin pasar de agache a la interpretación que pueden realizar los particulares, o la proveniente de los órganos jurídicos no aplicativos.

 

De estas categorías interpretativas que atienden al sujeto, las más preponderantes, son la realizada por los jueces y la realizada por la dogmática jurídica.  Se concibe la interpretación judicial como una interpretación en concreto, planteada a partir de  un determinado problema particular al que debe darse solución; mientras que la interpretación doctrinal corresponde a una interpretación en abstracto.  Dicho en otros términos, en el primer caso se trataría de una interpretación orientada hacia los hechos, frente a una interpretación orientada hacia el texto, en el segundo evento.   Por otro lado, se considera que ambas presentan resultados distintos, así: (i) la interpretación en concreto produciría un enunciado normativo individual y concreto del tipo: “El supuesto de hecho F cae en el campo de aplicación de la disposición D”.  (ii) por su lado, de la interpretación en abstracto derivaría un enunciado sinónimo del que se interpreta, D significa N (Lifante, P. 54-56).

 

1. 3. Conclusión.

 

En este apartado nos atrevemos a presentar como unas primeras conclusiones sobre el proceso de interpretación, las siguientes:

 

- Hermenéutica e interpretación se entrecruzan en sus actividades, pero la interpretación jurídica reclama de una especificidad propia debido a la naturaleza especial del derecho, que no permite apropiarse sin más y trasladar acríticamente a su campo, las concepciones hermenéuticas imperantes en otras áreas del saber. 

 

- Conocer los fundamentos teóricos del ejercicio interpretativo, sus elementos y pautas, puede permitirle al jurista que debe abordar doctrinaria y operativamente la interpretación de los contratos, una orientación en esta actividad del derecho; lo cual no implica que se pretenda invalidar una praxis que, encuentra su justificación precisamente en un corpus constante de criterios y decisiones sobre la interpretación en torno al contrato, los cuales han sido cimentados desde la tradición jurídica.  

Nota: Ariza con referencia la obra Gadameriana, hace la siguiente referencia sobre el propósito hermenéutico: “Lo que importa es mantener la mirada atenta a la cosa aun a través de todas las desviaciones a que es constantemente sometido el interprete en virtud de sus propias ocurrencias.  El que quiere comprender un texto realiza siempre un proyectar.  Tan pronto como aparece en el texto un primer sentido, el intérprete proyecta enseguida un sentido del todo.  Naturalmente que el sentido sólo se manifiesta porque ya uno lee el texto desde determinadas expectativas relacionadas, a su vez, con algún sentido determinado.  La comprensión de lo que pone en el texto consiste precisamente en la elaboración de este proyecto previo, que por supuesto tiene que ir siendo constantemente revisado sobre la base de lo que vaya resultando conforme se avanza en la penetración del sentido”.

 

Y sobre el reconocimiento de la lingüisticidad del proceso de comprensión indica: “Frente a todo texto nuestra tarea es no introducir directa y acríticamente nuestros propios hábitos lingüísticos –o en el caso de las lenguas extranjeras aquel que se nos haya hecho familiar a través de autores o de un ejercicio más o menos cotidiano-.  Por el contrario, reconocemos como tarea nuestra el ganar la comprensión del texto sólo desde el hábito lingüístico de su tiempo o de su autor” (Ariza, A. P. 41 y 42).

 

Nota: Grondin cita el siguiente aformismo Lat: sensus nos est inferendus, sed afferendus, que a su vez es referido por Emilio Betti, en su obra. Opus cite, pág. 21.

 

Nota: Para una cabal comprensión, Grondin nos presenta el siguiente ejemplo: “Recientemente se ha ‘descubierto’ la composición numérica del genoma humano.  Se trata sin contradicción de una interpretación en el sentido “activo” del término.  Nadie la conocía antes y se puede apostar que su conocimiento será más refinado aún en cien años.  Pero es claro que esta interpretación quiere expresar y traducir alguna cosa que es,  es decir, alguna cosa como el lenguaje de nuestra condición genética.  Es innegable que nuestras teorías del genoma no son más que aproximaciones (e hipótesis), pero aproximaciones en un sentido e, incluso, en un lenguaje de las cosas que precede a la teoría misma”.   Opus cite, pág. 22.

Nota: En este punto resultan convenientes los comentarios de Miguel Carbonell, profesor de la UNAM, México, en el prologo de la obra de Ferrajolli, sobre “Cultura jurídica y paradigma constitucional”, donde se tiene por referencia la experiencia italiana. En esta oportunidad el citado profesor, hace un comentario  al papel que cumplen los juristas dentro de la cultura jurídica vernácula, indicando que: “…Los juristas no se limitan a describir su objeto de estudio, sino que contribuyen también a crearlo, a definirlo, a expandirlo o a restringirlo dependiendo de sus inclinaciones ideológicas e incluso sus afinidades políticas”.  Luego cuando se refiere al papel que cumple la cultura jurídica, en la cosmovisión del derecho, expresa que es de suma importancia: “... contar con una cultura jurídica constitucionalizada, que se tome en serio la carga normativa que tienen los textos constitucionales y que éste dispuesta a suministrar herramientas teóricas y discursivas necesarias para hacerla realidad.  Una cultura jurídica constitucionalizada no es monopolio cognoscitivo de los especialistas en Derecho Constitucional; al contrario, requiere el concurso y las aportaciones de los expertos en Derecho Civil, Mercantil, Penal, Laboral, Administrativo, etcétera…”.   (FERRAJOLI. P. 8, 12 y 13).

Nota “Es una verdad casi universalmente aceptada que, en el necesario proceso de determinación, aplicación o concreción  del derecho, existe un inevitable ‘momento’ interpretativo; al lado de la dimensión que corresponde a la teoría del derecho y se refiere al establecimiento de las normas vigentes, de la que se refiere a la delimitación, valoración y calificación de las conductas en el caso a resolver, del recurso imprescindible a reglas lógicas y extralógicas del discurso, se encuentra siempre una cierta actividad interpretativa, es decir, de determinación del significado de un texto jurídico-normativo.  Esto significa que, a pesar de algunas autorizadas opiniones en contrario, como v. gr. la del ya citado Wróblewski, en toda actividad de determinación del derecho a un caso particular, es necesario llevar a cabo alguna tarea de interpretación” (MASSINI, Carlos. P. 127)

 

Nota: Este sentido de interpretación jurídica ha vinculado a la mayoría de autores que se han ocupado de la interpretación desde una perspectiva conceptual, así por ejemplo, los análisis de Guastini, de Atienza o de Gianformaggio.  Este sería el uso más extendido, y el que se encuentra más delimitado, de la expresión “interpretación jurídica”, al menos por lo que se refiere a la considerada como tradición analítica.  Véase a Lifante Vidal, Isabel.  Un mapa de problemas sobre la interpretación jurídica, en la obra: Interpretación jurídica y teoría del derecho.  AAVV.  Editorial Palestra. Lima -Perú. Año  2010, P. 61.

 

Nota: La interpretación del Derecho está más enfocada en una tradición hermenéutica, dentro del cual podría incluirse los análisis de Dworkin.  Opus Cite, pág. 61. 

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